Metodología Activa II: Aprendizaje Cooperativo

Algunos autores como Johnson et al. (1999) defienden que este modelo consiste en un trabajo realizado por un grupo de personas donde se alcanzan objetivos comunes, es decir, es el empleo didáctico de grupos reducidos donde los resultados obtenidos son beneficiosos para todo el grupo. Este aprendizaje es contradictorio al competitivo, donde el alumnado trabaja de manera individualizada contra los demás. Para que el aprendizaje cooperativo otorgue beneficios debe conllevar una serie de cinco características que fueron definidas por Johnson et al. (1999): interdependencia positiva de metas, interacción promotora cara a cara, responsabilidad individual, habilidades interpersonales y de trabajo en pequeño grupo, y procesamiento grupal. 

Son muchos los autores que confirman que implementar el trabajo cooperativo en las clases de Educación Física trae consiguió multitud de beneficios. Por ejemplo, Metzler (2011) consideraba que para que esta metodología de sus frutos es importante que el grupo este bien estructurado y sea cada estudiante el que crea su propio aprendizaje y el de todos los miembros del grupo; y, Morales et al. (2024) destaca que este modelo es una técnica innovadora que supone un cambio para el docente y el alumnado, ya que, implica un mayor esfuerzo para el primero y una mayor autonomía para el segundo. 

 Este modelo ha demostrado ser un gran recurso para la Educación Física a la hora de mejorar la competencia motriz, la capacidad cognitiva, habilidades sociales y el desarrollo afectivo del alumnado (Goodyear y Casey, 2015). Gröben (2005) destaca que su principal ventaja es que aumenta la práctica motriz y reduce los tiempos muertos. Además, también trae consigo beneficios de ámbito social, ya que, mejora la cohesión y las habilidades sociales, se desarrolla la escucha activa y se facilita el intercambio de ideas para construir nuevos conocimientos, y, asimismo, el hecho de recibir retroalimentación inmediata y apoyo constante influye de manera de positiva a este modelo de enseñanza (Dyson, 2001 y Goodyear et al., 2012). También aporta mejoras a nivel afectivo y emocional, ya que, gracias a un estudio que realizó Fernández-Ríos (2003) descubrió que el estudiante que adquiría un aprendizaje cooperativo se percibía más hábil y con mejor apariencia física que el alumnado que trabajaba con una metodología tradicional, lo que mejora su autoconcepto, tanto físico como mental. Esto puede deberse, a que el primer grupo se siente apoyado por sus compañeros, lo que mejora las relaciones sociales e influye de manera positiva (Goodyear et al., 2012; Velázquez, 2006). Son todos estos beneficios y muchos más la razón de que este modelo sea llevado a cabo en el aula con el alumnado de Educación Primaria (Velázquez, 2013). Por lo tanto, y como propone el autor Velázquez (2018) el aprendizaje cooperativo consigue que el alumnado mejore a nivel cognitivo, motor, social y afectivo. 

 Sin embargo, son muchos los estudios que se han realizado en diferentes centros educativos de diversas comunidades autónomas, donde se ha demostrado que la mayoría de docente no implementan este modelo de aprendizaje, otros sí lo utilizan, pero no de la manera adecuada y una minoría si lo emplea obteniendo todos sus beneficios. Algunos autores plantean que la implementación del aprendizaje cooperativo no está al alcance de las habilidades adquiridas por los docentes en su formación inicial (Goodyear y Casey, 2015). Y, otros como Fernández-Río (2017) defiende que la mayoría de docente que no llevan a la práctica este modelo innovador o que lo ejecutan de manera incorrecta, se debe a que no hay ninguna estructura a seguir para llevarlo a cabo de manera correcta. Por ello, este último autor crea el Ciclo del Aprendizaje Cooperativo compuesto por tres fases:   

- Fase 1: Creación y Cohesión de Grupo: su objetivo es construir clases donde los estudiantes puedan trabajar unos/as con otros/as y experimenten los beneficios de cooperar con otras personas. En esta fase el alumnado podrá agruparse de forma aleatoria con el objetivo de lograr que la clase sea un gran grupo cooperativo. Esta parte deberá usarse al comienzo del curso escolar o como rutina al comienza de cada sesión y está compuesta por cuatro partes, que vamos a comentar de manera breve: Presentación, su objetivo es que el alumnado conozca al resto de la clase a través de juegos donde se tengan que presentar y hablar; rompehielos, el objetivo es «romper el hielo» de trabajar unos/as con otros/as (Rohnke, 1984), para ello se realizan juegos de contacto físico; confianza, su objetivo es enseñarles que pueden confiar los unos/as en los otros/as, a través de desafíos físicos cooperativos (Fernández-Rio, 1999), que implican un riesgo y que debe ser superado con el trabajo de todos/as; y autoconocimiento, el objetivo es conocerse mejor a uno/a mismo/a, saber lo que puedes llegar a hacer y, aprender que puedes ayudar a tus compañero/as. 

- Fase 2: El Aprendizaje Cooperativo como Contenido para enseñar y aprender: esta fase consiste en enseñarle al alumnado a usar el aprendizaje cooperativo a través de técnicas simples y fáciles. Continuamos con la misma distribución que la fase anterior, es decir, los grupos son flexibles, aunque sí podemos repetirlos algunas. Algunas técnicas que podemos utilizar en esta fase son: el resultado colectivo, desafío y cambio, parejas-comprueban-ejecutan, etc. 

 Fase 3: El Aprendizaje Cooperativo como Recurso para enseñar y aprender: en esta fase se crean grupos estables, que tienen que ser totalmente heterogéneos (género, habilidad, etnia, nacionalidad, control corporal, etc.) y son formados por el docente. Algunas técnicas que pueden emplearse aquí son: piensa-comparte-actúa, grupos de aprendizaje, puzle, invención de juegos, etc. 

 Estas tres fases van a ir siendo implementadas a lo largo de toda la etapa de EP, empezando la primera de ellas en el primer ciclo y finalizando el tercer ciclo con la tercera fase. Para ir introduciendo este contenido, aunque va a ser desarrollado en el apartado de metodología, al realizar este proyecto con el alumnado de 5º curso se desarrollará la tercera fase del Aprendizaje Cooperativo, ya que, las dos fases anteriores las tienen adquiridas. Además, para poder obtener todos los beneficios que este modelo aporta será imprescindible continuar con este trabajo a lo largo de toda la etapa de EP. 

 Dentro de la estructura del aprendizaje cooperativo y como destaca Fernández-Rio (2003), uno de los elementos más importantes y que casi siempre pasa desapercibido es la reflexión final, es decir, una pequeña puesta en común cuya duración oscila los 5 minutos, donde se reflexione de lo que se ha realizado durante la sesión. Algunas preguntas que pueden realizarse son: ¿todos expresaron su opinión?, ¿cómo te sentiste con tu aportación a la tarea?, etc., con el objetivo de que se reflexione sobre el funcionamiento de la clase, descubriendo los posibles errores, para corregirlos y ayudar a la mejora del desarrollo. 

 Para finalizar este apartado, veo conveniente relacionar este modelo de enseñanza con la inclusión en el aula. Autores como Rosas et al., (2013), definen que este modelo de enseñanza favorece a la inclusión educativa, ya que, plantea el reto de crear aulas donde se pueda aprender junto a todo el alumnado. El aprendizaje cooperativo se muestra como la mejor alternativa para crear un aula inclusiva, ya que, requiere de dos aspectos claves: que el grupo sea completamente heterogéneo y que se reduzca la homogeneidad del alumnado. 

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